Cuaderno de Bitácora (y7)

Ya huele a hierba recién cortada en los campos de entrenamiento de los equipos profesionales. Las caras de alegría de los jugadores lo dice todo. Dedicarte a una profesión como el fútbol tiene, como todas, cosas buenas y cosas no tan buenas. Incluso malas, por supuesto. Pero dedicarte al fútbol, además de otras grandes ventajas de todo tipo, implica el ambiente de vestuario, las bromas, las risas, el cachondeo y una rutina que no nos quepa ninguna duda, han echado de menos sus protagonistas.

Ya entrenan, pronto jugarán. Se ha anunciado que La Liga se reanudará la segunda semana de junio, esto es en un par de semanas, y ya les podremos seguir por TV. Ya podremos discutir de jugadas dudosas, ya podremos retornar a las polémicas, a las valoraciones y a seguir haciendo cábalas de quién va a ser el campeón, quien se va a quedar cerca, quién se va a ir a segunda o segunda B (que nadie sabe si no es peor aún que bajar de primera a segunda A…), y quién va a sufrir hasta el último día. Todo ello sin menoscabo de que no haya un rebrote de la pandemia. Así, la situación sanitaria permitirá que nos distraigamos de otras cosas mucho más graves que el parón liguero, -como la crisis económica o los conflictos políticos que nos toca padecer, día sí y día también-. No es casualidad que se hayan forzado los plazos…

El opio del pueblo lo llaman, no sin razón. Lo cierto es que la falta de fútbol, es decir la abstinencia del «opio», la hemos llevado más bien bien que mal, en gran parte porque lo que nos ha tocado vivir nos ha descolocado tanto y nos ha aterrorizado hasta tal punto, que parecía inmoral quejarse por no ver fútbol. La realidad, no obstante, es tozuda. El fútbol deporte es también el fútbol negocio. Y el fútbol negocio pasa por encima de las muchas trabas que se le pongan por medio.

A otro nivel, ya son diversas y pretendidamente autorizadas, las voces que se alzan pidiendo que los niños vuelvan al cole y a sus actividades deportivas. Entre poco y demasiado, ¿no?. Los riesgos que, por mor de los intereses televisivos deben tomar los profesionales bien pagados (siempre si nos referimos a la élite…), no son del mismo calibre que los que implicaría poner en peligro a una parte tan importante y tan vital de la sociedad como son sus menores. Un poquito de por favor, que diría aquel.